Entré al comedor y desde el primer momento de todos me mantuvo la mirada hasta que llegué a ella. Levantó los brazos como para abrazarme, como si me hubiera reconocido a pesar de que no hablaba. Y me abrazó muy fuerte. Cuando terminé de despedirme de ella, llegué a la puerta del comedor y quise inmortalizar ese momento y entonces volvió a mirarme con esos ojos azul grisáceos, que la hacían la persona más bonita de todas, y lloro sin emitir ningún tipo de sonido, simplemente comenzaron a caer lagrimas de sus ojos y también de los míos. Ella que no era capaz de reconocer a nadie, ni de mostrar ningún tipo de emoción, estaba llorando porque yo me iba y yo sabia que si lloraba no era solo por eso. Ella sabía de algún modo que era la ultima vez que nos veríamos y entonces me acerqué y entre lagrimas le abracé, la besé y le dije que la quería mucho y ya me fui al coche a seguir con mis llantos. Ese día fue inolvidable para mi.
Lo peor de todo es que a los 4 días de tener ese encuentro, en la madrugada del 30 de octubre mi abuelita murió. A las 5 de la mañana sonó el teléfono, yo me senté en la cama esperando a que mi padre respondiera y antes de que colgara dije. ¿La abuelita? Y el me dijo: Si. Y terminó la conversación.
Al día siguiente, a pesar de que tenía clase, me fui con mi padre a la Ossa, al velatorio de mi abuelita. Tenía que estudiar porque el día 31, el dia de su entierro, tenía un examen de Física y Química y no podía ir a verla. Así que llegamos y antes de estudiar allí pues fui a verla. Yo no soy de llorar pero entrar en la que había sido su habitación y que en vez de su cama y su cómoda estén 10 desconocidas rezando por ella que estaba en el ataúd, con los ojos cerrados... Me pudo!
Nunca pensé que los ojos más bonitos que he visto en esta vida podían llegar a cerrarse para siempre.
Y lo más mágico aun de todo es que el día 1 de noviembre es el día de todos los santos, es decir, que mi abuelita fue enterrada un día antes. Y al día siguiente todos los familiares de personas fallecidas fueron al cementerio a llenar de flores las tumbas de los difuntos. Pero sabéis? La flor más bonita de todas estaba en aquel ataúd, con los ojos cerrados y la cara pálida. Los ojos más bonitos del mundo ya no se pueden ver, solo se puede recordar. Yo los recuerdo y siempre van a permanecer ahí.
Ahora ya si, el poema:
EL FINAL DEL CAMINO
Quiero correr a refugiarme a tu lado
y sé que para verte
no hay billete,
ni avión,
ni dirección.
Pues donde tú habitas querida mía,
no es un lugar sobre el mapa,
ni un rincón en esta vida.
Para verte he de recurrir al pasado,
a los recuerdos que tengo de ti.
Ellos no me ayudan
ellos no me abrazan,
ni mi dolor acallan.
Los mismos luceros que me daban la vida,
son hoy la angustia de mí día a día;
la media luna que me llenaba de amor,
des de que te fuiste hace brotar el dolor.
Gran estrella de las estrellas,
ahora brillando en el cielo estás,
aunque parece imposible aceptar
que ya aquí nunca jamás brillarás.
Tal vez no fueras perfecta,
pero ¿Qué en esta vida lo es?
El amor es el dulce veneno,
las rosas son las hermosas flores dañinas,
el agua da vida y, a su vez, la quita,
¿y tú? Tus defectos tenías,
el mayor fue marchar, dejándome llorar
Cuando oigo el viento soplar,
recuerdo tus dedos a mi acariciar,
recuerdo tu corazón al palpitar,
que por desgracia tuvo que frenar
Ya hoy una flor pierde su último pétalo,
una luz se pierde en la eterna oscuridad,
unos ojos se cierran con ansiedad,
un corazón deja escapar su último latido.
Ya hoy una persona le dice adiós a la vejez,
inhala el aire para respirar por última vez,
y descansa eternamente.
FIN
Ya hoy una flor pierde su último pétalo,
una luz se pierde en la eterna oscuridad,
unos ojos se cierran con ansiedad,
un corazón deja escapar su último latido.
Ya hoy una persona le dice adiós a la vejez,
inhala el aire para respirar por última vez,
y descansa eternamente.
FIN
De: Eva García Villalba
Para: Juana Gómez Parra
No hay comentarios:
Publicar un comentario